
—Oiga, señora, disculpe que la moleste, pero dígame una cosa: ¿esta cola para qué es?
—Ay, miss-ia, esta cola es para poder ver, oír y consultar al oráculo, pues.
—Ah, sí es verdad, el oráculo que ahora vive en Mayámi.
—Sí que sí, paisana, el mismo que se vino para acá, overseas, y que nos ilumina con su palabra, con su verbo incendiario y encendido.
—Ay, sí, coterránea, y el mismo que alebresta a quienes se quedaron todavía allaíta, pues, por allá, acullá, descarriados en la otra orilla.
—Sí, pero el oráculo, instalado aquí, dictamina lo que ellos deben hacer y deshacer, calarse y admitir, considerar y postear por allá.
—Y es que nadie es profeta en su tierra, mijita, y entonces hay que venirse pa'cá pa' terminar de iluminarse y mayamizarse.
—Ya lo dice el refrán: "quien no se mayamiza, no llora".
—Ajá, y el que quiera llorar que coja su camionetica o su metrobús y se vaya a llorar pal' Valle, Valle Abajo, Coche, Las Adjuntas...
nadie es profeta
nadie
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