¿PÁNICO-FICCIÓN?
por afición, poblamos ©VENEZUELAND:
912.050 km2 de tierra,
llena eres de gracia,
el petróleo es contigo,
bendita tú eres...
lunes 2 de noviembre de 2009
martes 25 de agosto de 2009
BELLEZUELA (sic): el estigma de la belleza for export
Bellezuela (sic) es el reino de la belleza y Osmel Sousa su cacique sin cetro. Se le está considerando seriamente como próximo presidente que exporte el petróleo rellenando los implantes mamarios y de glúteos, desde el paraíso de las intervenciones quirúrgicas de cirugía estética y extreme makeovers.
domingo 23 de agosto de 2009
BELLEZUELA (sic)
Bellezuela (sic) es el reino de la belleza y Osmel Sousa su cacique sin cetro. Se le está considerando seriamente como próximo presidente que exporte el petróleo rellenando los implantes mamarios y de glúteos, desde el paraíso de las intervenciones quirúrgicas de cirugía estética y extreme makeovers.miércoles 12 de agosto de 2009
miércoles 13 de mayo de 2009
CONCIERTO PARA FUSIL SOLO
"Los entusiasmos son individuales; la hostilidad, colectiva."(Luis Goytisolo)
Tengo al jinete en la mira de mi M—90. Lo sigo en sus maromas. Espero a que haga caballito. Le disparo entre el pulgar y el índice de su mano derecha. La bala entra y sale rebotando en el asfalto. El casquillo refleja el sol apenas un instante. Luego se me pierde de vista. La moto reposa ladeada encima de su ¿dueño?. Se sostiene lo que queda de la mano derecha con la izquierda. Aprieta su muñeca en un intento vano de parar la sangre que mana. Su rostro está contraído en una mueca. Reprime las lágrimas. Ahoga un grito. La palidez y el sudor frío son inminentes. Repta hasta salir de abajo de la máquina. Ya no hay nadie alrededor. De pie, intenta sostener su revólver. Se le cae. Lo alcanza y enfunda en su cintura. Grita alguna de las maldiciones que conoce. Seca su frente con el vello del antebrazo desnudo. Levanta la moto dificultosamente. Cabalga y acelera. Se va contra la isla. Aminora la marcha. El manubrio es la muleta de su cuerpo. Doblado sobre sí mismo. Desaparece sin acrobacias.
Resquebrajaron con júbilo las vitrinas de los comercios. Deshilacharon las santamarías. Saquearon a gusto. Volvieron añicos lo que no pudieron cargar. Con los automóviles que constituían su botín, tumbaron las rejas sucesivas del estacionamiento. Sortearon los muros perimetrales con siniestra destreza. Arrancaron los alambres electrificados cuyas púas exhiben restos de miembros putrefactos. Retinto en sangre ennegrecida, un dedo devenido en veleta se debate entre el sur y el oeste.
Pero las entrañas del Llaeco son fortaleza inexpugnable. Inspirado por las pirámides egipcias, las catacumbas romanas, la muralla china, los bunkers germanos. Así fue concebido por mi padre el inmigrante. Un monumento funerario viviente. Con diversas plantas eléctricas que funcionan alimentadas por paneles de energía solar instalados en el techo y pequeños tanques de agua distribuidos estratégicamente. Un refugio de autonomía sustentable. Laberinto de escaleras verticales a través de conductos, túneles y pasadizos secretos. Puertas camufladas. Paredes reforzadas con gruesas láminas de acero. Accesos abovedados. Ventanales blindados ensandwichados por rejas galvanizadas. Materiales de construcción autoextinguibles o de inflamación controlada. Cámaras de vigilancia. Detectores de movimiento. Sirenas dirigidas de altísimos decibeles. Faros antibalas de luminosidad focalizable mediante seguidores que operan por fotocélulas. Rejillas que expelen humo. Bombas de perdigones. Mecanismos de defensa para repeler. Apaciguar. Advertir. Disuadir. Contrarrestar intentos de invasión forzada. Se habla de una supuesta vía de escape que comunica bajo tierra al Llaeco con un edificio de la calle El Convento.
Hay aquí 43 años de trabajo forzado. De tensión sostenida. Forte. Piu forte. Operática. Cantábile. El castillo de Barbazul. Allegro bárbaro de Bela Bartok. De implacables negociaciones. De oler las oportunidades y lanzarse al vacío. Siempre con el paracaídas de emergencia sujeto a la espalda, la red camuflada del trapecista, el riesgo controlado. De comprar justo después del terremoto y vender al filo de las expropiaciones del Metro. De comprometerse con cargas crediticias insostenibles. De volverse temerario. De hipotecar. De hacerse de cientos de miles de dólares a Bs. 4,30 el viernes previo a la devaluación y el control de cambio. De invertir en ignotos lotes de terreno que décadas después estrenarán urbanizaciones hipercotizadas. De adquirir una flotilla de Corollas dos días antes de que aumenten su PVP. De saciar impulsos y carcajearse triunfalmente al comprobar que la intuición no le falla. De apropiarse del Llaeco entero de estricto contado y por un monto irrisorio. 5.364 m2 de construcción distribuidos originalmente en 80 apartamentos de 4 tipos distintos. De deconstruirlo y re—edificarlo por completo. De mojar con saliva su meñique izquierdo y, en lo alto de la azotea de su edificio, indagar la dirección del viento. Oteando el Avila. Girando sobre sí. Señalando los puntos cardinales. Todas las tardes del mundo. Saludando el ocaso. Sin fronteras visuales que limiten el desplazamiento de su mirada. Más cerca o más lejos. Montañas. Montañas. Montañas. Nubes inoportunas manchando el paisaje. La bandada habitual de escandalosas guacamayas anunciando su tránsito aéreo. Un avión rezagado que intenta colearse en La Carlota. Cielo abierto. Con la idea de cubrir gastos operativos, alquiló el estacionamiento y los 12 locales comerciales. El 86% restante del edificio lo reservó para exclusivo uso familiar, incluida la zona de parqueo techada con acceso a dos calles colindantes. Ubicó la conserjería anexa a la garita de vigilancia.
Olaf me entrenó en el tiro al blanco. Primero fue el arco y la flecha. Para tensar el pulso y afinar la puntería. Después la ballesta, el flower, la escopeta, el rifle. A los 21 mi browning. El arsenal no cesa de crecer. Cualitativa y cuantitativamente. La seguridad se torna obsesiva. Mi padre viaja a seminarios internacionales de vigilancia y protección. Evita destinos puntuales. Cumplo con mi promesa de no preguntar. Blinda los carros familiares y nos obsequia elegantes chaquetas deportivas, de uso obligatorio, forradas en kevlar. Ninguno quiere contrariarlo. Pioneros de la comunicación inalámbrica, llevamos discretos radios portátiles que nos mantienen en contacto permanente. Y armas disuasivas. Gas paralizante que actúa sobre el sistema nervioso del agresor, logrando que pierda temporal y reversiblemente el sentido de la vista, el oído, la ubicación espacio—temporal y el equilibrio; en adición, el sujeto se hace sus necesidades fisiológicas encima, presentando síntomas evidentes de conjuntivitis y dermatosis urticante. Minibastón de descarga eléctrica que invalida al asaltante, provocándole un desmayo; el radio de acción varía entre 1 y 3 metros.
El Doria, el Troya, el Giovanna, el Lourdes, el Rebeca, el Trianón y demás edificios vecinos han sido invadidos. El incendio de la cervecería América se propagó a las instalaciones circundantes. Alcanzó Victoria Motors y Cars—Tocars. La explosión de los automóviles fue un evento memorable. El estallido de los vidrios y el posterior humo negro está grabado en mi handycam. La farmacia Aurora quedó arrasada.
¿Dónde están los gatos callejeros y las palomas?
En la ciudad ya no hay bombeo de agua ni suministro de electricidad. No pasa un segundo sin que los míos bendigan a mi padre por sus previsiones aparentemente desproporcionadas. Los paneles de energía solar nos permiten mantener en funcionamiento la enorme cava refrigerada que preserva su cadáver. Y los cientos de kilogramos de alimentos perecederos con su concienzudo inventario de fechas de expiración, para comidas y medicamentos. Contamos además con un almacén de enlatados y envases UHT. La bodega de vinos. Y un huerto hidropónico que se extiende por los balcones y terrazas de los pisos superiores. Los vastos tanques subterráneos de agua totalizan más de 50.000 litros. El problema del bombeo aún se resuelve con los generadores que funcionan a diesel. Después, usaremos los pequeños tanques de cada apartamento, uno por uno. Un sistema iraquí de recolección de lluvia nos permite abastecernos deficitariamente. Racionalizamos nuestros consumos al borde de la obsesión. Potabilizamos el agua gracias a filtros holandeses y reciclamos la del lavado de ropa, duchas, fregaderos y lavamanos, utilizándola en las pocetas. El ingenio se agudiza con la crisis. Los mecanismos de supervivencia se disparan con la desesperación y la carestía. No desperdiciamos ni el tiempo que nos sobra.
No pasamos nada por alto.Ni por bajo.
Las hordas atacan. A plena luz del día. Se acercan de a 2 y 3 por moto. ¿Habrán descubierto un nuevo combustible? ¿Cómo les alcanza y de dónde sacan la gasolina? Esgrimen sus armas sin dispararlas. ¿Les quedarán balas? Yo soy el responsable de la seguridad. Duermo de día y vigilo de noche. A media tarde me despiertan. Me enfundo mis lentes de sol y mi gorra de visera exagerada. Tras derribar a los invasores que cada vez conquistan posiciones más adelantadas en el perímetro del edificio, mi familia apuesta a que no logro acertar los objetivos más lejanos. Siempre pierden y yo me hago de raciones extra de comida, bebida, cigarrillos, agua para bañarme, horas de sueño. La puntería de mis hermanos es pésima. No son capaces de darle a blancos en movimiento y no quiero derrochar municiones.
A las siete de la noche comienzo mi guardia. Acompañado por la mitad de los perros y por la insomne de mi prima Margarët. Hacemos el amor rápida y furiosamente. Con la ropa puesta. En alerta por los parientes, más peligrosos que la jauría humana que nos acecha. Cuidándonos de los hunos. Y los otros. Los demás son siempre una amenaza. Estamos reusando preservativos. Hasta 6 veces. Para que nos alcancen. En silencio, recorremos la terraza en forma de "L", a dos niveles. Desde aquí dominamos 360º. Al norte, lo que resta de la ciudad universitaria; el edificio rojo de la biblioteca; una de las torres de parque central; el Avila con sus cientos de pequeñas fogatas que parpadean en la oscuridad. Al sur, el desierto de la autopista a veces surcada por bicicletas, carritos de supermercado empujados por patineteros; el puente derruido que comunicaba a Valle Abajo con Santa Mónica; las quintas en penumbras de las colinas. Al este, las moles de los hoteles y malls en silencio. Al oeste, médanos inquietantes; aullidos que espantan a mis canes; texturas de incertidumbre. Armados con binoculares de visión nocturna y rifles con miras láser, alternamos el espionaje de sombras verdinegras y fulgurancias infrarrojas con la contemplación de los cuerpos siderales que, a punta de gravedad newtoniana, amenazan con caernos encima, desprendiéndose de la bóveda celeste. La cena de medianoche, única comida caliente, concluye con el café cuyo humo se confunde, eólico, con la exhalación nicotínica del cigarrillo que compartimos apurando el alba.
No se reciben transmisiones de radio. Ni de televisión por satélite. No insistimos en gastar electricidad. Ni baterías que priorizamos en nuestras linternas. Hoy, jugando con la bazuca, Margarët hace estallar un Volkswagen que zigzagueaba por la calle Codazzi. Dice que siempre ha detestado esa marca de auto. Tan feo y ruidoso. Como un mamut enano sin colmillos que se ha incrustado en la fachada del liceo público. No hay señales de vida. Ni del conductor o pasajeros.
Nos hemos acostumbrado al silencio. Y sin embargo es tan opresivo. No se escucha música por ninguna parte. Ni el solo de un instrumento. Tarareamos melodías para no olvidarlas. Tratamos de identificarlas. Título. Intérprete. Género. Año. Nombre del disco o si es el tema de una película o programa de televisión o el jingle de un anuncio publicitario. Ni modo. La memoria es resbaladiza y mentirosa. Nos confundimos y le ponemos la letra de una canción al ritmo de otra. ¿Las palabras conservarán su significado? ¿Azul será siempre azul, azúcar, azucena? ¿Seguiremos comunicándonos con sonidos o se impondrán los ademanes, los gestos lejanos, las señales? ¿Sobrevivirá el lenguaje? ¿Este lenguaje que usamos? Margarët me pide que le recuerde cuando todo era normal. Que se lo cuente como si fuera una película. Que intercambiemos vivencias. A full color. En estéreo. ¿Te acuerdas del sabor de las cotufas y como crujían al masticarlas? Ah, y el dulzor del chocolate derritiéndose en tu boca y las burbujas del refresco cosquilleando tu garganta...
Anoche, no sé cómo, llegaron hasta el tercer piso. Mataron a uno de los perros y lo trocearon para comérselo. Un descuido imperdonable. En junta familiar, decidimos reforzar la seguridad colocando a dos vigilantes haciendo recorridos por el quinto piso de la torre "A" y a otro par en el piso 4 de la torre "B". Todos armados con subametralladoras y equipo de visión nocturna. Además, se nos unirá otro vigía en la terraza. Margarët y yo en cada extremo de la "L". El tercero en discordia cubrirá el vértice. Turnos diarios de doce horas. Y que no falle nadie.
Logro dormirme después del mediodía. Sueño con mi padre. Me alecciona en lo referente al aniquilamiento del ofensor. Me urge a que extreme el entrenamiento de mis primos y hermanos. Que incorpore a las hembras. Me previene sobre los peligros del devenir. Hay que salvaguardar todo por lo que hemos luchado. Debo recordar que ahora yo soy quien comanda un pequeño ejército que lucha por preservar su territorio. Nuestro edificio es la embajada del gentilicio familiar. Inscrito en nuestro escudo heráldico. La espada. El fuego. La torre. El halcón. Ya no es posible bajar la guardia. No vivimos tiempos de paz. Al contendiente no se le da tregua. Mi nombre significa invicto. Mi apellido belicoso no transige ni renuncia o se entrega. La rendición no existe. El arsenal está repleto. Yo soy el heredero y conozco las reglas. ¿Por qué vivimos todavía esta situación privilegiada? A comer, beber y festejar. Dominando el horizonte. Amándonos. Nuestro destino es la gloria. Sin decaer de ninguna forma. Preparados. Alertas. Inmutables. Altivos. La belleza es serena. El placer nos dibuja sonrisas en el rostro. Finalmente, cuando la situación lo amerite, mi padre contempla la autodestrucción absoluta de la instalación mediante la activación irreversible de cargas explosivas sujetas a las bases y puntos—clave de la estructura arquitectónica. Similar a un sismo de 9.4 en la escala de Richter, la fuerza expansiva de la deflagración no permitirá la reutilización de ninguno de los escombros, calculándose un perímetro de destrucción que oscila entre 0,3 y 0,5 kilómetros, dependiendo de las variables atmosféricas. El sistema opera con fuentes de energía autónoma. El botón de ignición me aguarda en la azotea.
El primer impacto lo tumba. Retumba el eco entre las paredes aledañas. La multitud avanza compacta. Hombres. Mujeres. Niños. Por suerte no hay ancianos. Un solo hombro (sic) avanza. Distingo sus rostros y disparo. Harapos multicolores se salpican de rojo. Apunto a la cabeza. Limpio, rápido, certero. Caen. Los libero de la enfermedad, el tormento, el hambre, la desesperanza. Avanzan. Dibujo desplazamientos verticales. Mis proyectiles van despoblando este lienzo vivo de Cézanne que avanza. De la A a la Z, abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz, AvanZan. Mayoritariamente, barro consonantes. Como en aquella tonada infantil, desafinado, canto. Derribo la a. Acierto la b. Elijo la c, la d, la e, la f, la g, la h, la i, la j, la k, tra la la la ri ra la ri ra la ra li ra. Llevo veintitrés. Y quedan aún. Y llegan más. Que tun. Que tun. Y dále betún. Y cuántos serán. Calculo otros cien. Recargo el fusil. Pil pil pil pil. Que vengan cien mil.
Mis primos y hermanos engrosan el coro. Supongo que Olaf sostiene la batuta. Concierto para fusil solo, ensamble caprichoso de subametralladoras y orquesta onomatopéyica. Al aire libre de esta tarde de invierno seco. Sin nubes. Iluminación propicia a cargo del sol ocre de las cinco y media. Proyección de sombras diagonales que se alargan, se estilizan, se acuestan. La audiencia fallece de gusto. Margarët diseña la escenografía. Con su bazuca, distribuye cráteres lunares sobre el pavimento.
sábado 28 de marzo de 2009
Carmina Burana cual soundtrack para Caracas
Streetfight from sexo sapiens on Vimeo.
La cotidianidad de la violencia asumida y protagonizada como espectáculo circense en Caracas. Reality show callejero para entretener el tedio del mediodía before lunch. Pasen y vean, señores transeuntes y animen a los contrincantes. Boxeo amateur sin guantes. Saquen sus cámaras digitales, apunten y disparen. Aquí están sus 15 golpes de fama instantánea, como ya nos amenazó ese profeta del apocalipsis apocado que fue Andy Warhol. Puñetazos versus el aburrimiento que decía el bravuconazo de Bertolt Brecht. Video sin subtítulos. Coñazos spoken. Free happening. Narrativa urbana.
miércoles 22 de octubre de 2008
MISS METRO O EL SUBTECANTROPUS ERECTUS
“Le recordamos a los señores usuarios que, por su propia seguridad,deben mantenerse alejados de la raya amarilla,
alejados de la raya amarilla, alejados de la raya amarilla”
(Voz en off que me persigue a toda hora, en todas partes,
sin poder apagarla, ni bajarle el volumen,
ni cambiar el mensaje, ni...)
Vivo metido en El Metro de lunes a domingo, desde las seis de la mañana y hasta las diez de la noche, con los recesos mínimos indispensables para comer algo, fumar, ir al baño y dormir unas cuantas horas –cada vez menos– pues del insomnio paso a una pesadilla repetitiva y angustiosísima que, simplemente, no resistiría recrear ahora, a la luz del día y en voz alta, para no tener que escucharme yo mismo diciendo que...
Las persecuciones que me planteo bajo tierra, “al dictado de la locura” como tituló su obra Gerard de Nerval, me conducen de La Yaguara a El Valle o de Las Adjuntas a Palo Verde en una misma mañana, a pesar de lo mucho que detesto hacer transferencias. Pero, claro, estos son casos excepcionales, heroicas misiones imposibles que emprendo para “llenarme” de esos adorables sujetos de mi deseo y obsesión que me mantienen extraviado dentro de este interminable y sorprendente laberinto subterráneo del Metro. Hay un no sé qué telúrico (estoy intelectualizando, vicio profesional, soy consciente de ello) que me subyuga, convocándome sin descanso a estas gloriosas cavernas.
Y de académico de antropología he pasado a ser una parodia lastimosamente underground de Osmel Sousa clonado con Joaquín Riviera: un clon del clown que aspira asmáticamente a montar un concurso, ya no de belleza sino de buenitud, de buenura, pues, de ritmo de caderas y sabrosura al caminar, mi amor, de medidas extremas que sobrepasan cada uno de los cánones de buen gusto, de voluptuosidades desbordantes y exageradas, obscenas, ramplonas, rimbombantes, censuradas por las propias prendas íntimas que amenazan con desabrocharse justo ante nuestros boquiabiertos ojos y saltar, alcanzarnos, salpicarnos de puritico gusto, complacencia y placer voyeur del mirón que, al fin, aunque sea por una única vez en su puñetera y virtual existencia, pueda “llegar” y descargar, loco de contento, su siempre reprimido y más turbado que nunca cargamento de infelicidad.
Miss Metro sería, por otra parte, un concurso barato en toda la extensión de la palabra, indiscriminado y no excluyente de aspirantes y categorías, sin luminarias ni lentejuelas, pleno de improvisación. Se trataría de una feria popular que huele a dentífrico matinal, al champú y al enjuague mezclados con el sudor rancio del final de la jornada salarial, la comida rápida del mediodía y el pachulí nocturno que invita a celebrar nuestras miserias de cada día.
Porque bajo tierra, en las entrañables entrañas del monstruo que conozco en profundidad, tiene lugar, casi todos los días del mundo, el más trepidante y azaroso desfile de belleza mundana que se pueda imaginar.
A un ritmo palpitante, soberbios especimenes del género femenino, en oleadas irregulares (a veces escasas, ahora impetuosas), toman por asalto –precoces, desvergonzadas, presumidas, feroces– el tren y los andenes, las escaleras mecánicas y los vagones, hostilizando con su hermosura irresponsable, hiriente y sobrecogedora, todos los ojos que, de par de dos en dos, coinciden sobre sus cuerpos espléndidos, posándose y regodeándose con glotonería, reinventando nuestras más bajas pasiones, nuestros deseos más rebuscados y roñosos que rebotan dentro de nosotros, sin atreverse a traspasar la raya amarilla de la conciencia.
Y es que en este placentero infierno sumergido, una incesante legión mefistofélica de diablas y demonias sin pedigree, pero con caras y cuerpos de semidiosas, nos desatan sin remedio la bestia dormida, despertándola y dejándola insomne, desvestida y alborotada como quien dice, sin derecho a réplica, sin derecho a nada, aullándole en silenciosa desesperación a una luna llena que imaginamos allá arriba, allá afuera, perturbadora y lejana.
Son hembras hechas en el cielo, en celo, celosas: euro-caribeñas, asiático-tropicales, producto del más sabroso y delirante mestizaje-jé. Con senos, glúteos, curvas, caderas, voluptuosidades hiperbólicas, cimas y abismos hirientes que se te incrustan en los ojos y se te alojan en el alma. Y ya nada, nunca, volverá a ser igual. Estás atrapado, perdido, extraviado dentro de ti mismo.
Es básicamente, un mecanismo natural de selección de la especie. Irreprimible, irreversible e implacable. Que nos hace descender en la escala evolutiva, presos de los instintos más primitivos, hacia nuestros más primigenios primos: aquellos simpáticos primates que ilustran la portada de la teoría darwinista.
Tamaño tremendismo me impulsa a preguntarme si terminaremos arrojándonos a los rieles electrificados, ante el avance trepidante y ensordecedor del tren, para poder acabar de una buena vez, poniéndole fin a nuestras miserias de subtecantropus más o menos erectus. Eso u organizar de verdad-verdad el Miss Metro: montar toda la parafernalia del concurso, buscar los patrocinantes, seleccionar a las aspirantes, decidir quién será parte del jurado y etcétera. Eso o, en plan mercenario, fundar la Interculing-culing company, empresa con el objeto único de cazar, someter, domesticar y comercializar a escala global a toda hembra de uña que se le ocurra trasponer los torniquetes del Metro.
domingo 12 de octubre de 2008
SU NOVIA ES VENEZUELA
Este título me lo inspiró un catalán muy agradable que conocí en una de las tontas y tantas esperas vividas en un aeropuerto nacional y que, muy al contrario de aquel "Turista Accidental" (la película norteamericana protagonizada por William Hurt), aparté mi periódico del rostro para entablar amena conversación con él.Joaquín, que así se llama este curioso catalán que te suelta -al peor estilo de luisherrera- expresiones criollas con su marcado acento que se detiene exageradamente en las "eles", pronunciándolas con la punta de la lengua enrollada hacia el paladar, resultó ser un industrial que vivió 20 años entre nosotros, adaptándose de maravilla y pasándola gustosamente en esta pequeña Venecia. Casado con una coterránea y con cuatro hijos venezolanos y venezolanizados, Joaquín vuelve, presionado por las epilépticas circunstancias económicas (la coyuntura que dicen) y azuzado por su extensa familia de ultramar, a su Cataluña natal.
El hombre me lo refería con pesar, comentándome cuánto le dolió vender su factoría, su quintica y su añejo rústico donde él y los suyos recorrieron medio país, con el testimonio audiovisual que proporciona una "handycam" y el registro iconográfico de varios cientos de fotografías donde siempre aparecían ellos (los Castells, pues), en medio de una diversidad de paisajes contrastantes: el matrimonio mojándose frente el Salto Angel; los chamos dándose un chapuzón en Morrocoy; media familia en contraluz ante un ocaso en Juangriego; todos juntos asomándose de un vagón del teleférico merideño; la señora cabalgando un camello en los médanos de Coro; Joaquín cambiando un caucho en pleno puente sobre el Lago o bailando tambores en Barlovento... Eso y dejar atrás compadres y amigos, "mi familia criolla", decía, era lo que más lo "fregaba".
Ahora, trataba de animarlo yo ante su guayabo nacionalista in crescendo, nuestro compatriota nacido en la Barcelona primigenia tenía que trastocar hábitos de consumo y sustituir el aceite branca por el de oliva, la arepa por el pan, el diablito por el jamón serrano, el queso paisa por el manchego, el ron por el brandy y así sucesivamente. Eso o ingeniárselas para abastecerse, allá en la madrísima patria, de harina de maíz, caballito frenado, caraotas negras, el oso y mejor pongamos etcétera.
Ya no habría tampoco, protestaba él, su peña del 5 y 6, ni sus compinches del dominó, ni los terminales del kiosquito de la esquina, ni carnaval electoral, ni empanaditas de cazón, ni hallacas, ni el refresco de "colita" para sus hijos (sabor inventado aquí que, simplemente, no existe en ninguna otra parte del mundo), ni el jabón azul de panela que tanto usaba -en copretérito- su esposa, ni el popular olor a lavansán... Se acabarían para él, también, las proverbiales trancas de la autopista cuando aprovechaba para escuchar la radio a todo volumen y tararear las melodías de salsa, a voz en cuello, como un Oscar De León desteñido. Se despedía, además, este paisano de Serrat, de las colas kilométricas que hacía para renovar la licencia de manejar y la cédula, así como de toda esa indigestión de semáforos en rojo y calles en flecha.
¿Qué contra-argumentar?, pensaba yo, resistiéndome a la cruel tentación de, usando esa, su misma letra, componer un sarcástico bolero. Pues bien, a mí no se me ocurrió nada, ni mejor ni peor, que remitirlo a uno de esos kilométricos almacenes mayoristas (hiper-mercados, les dicen con eufemismos, club de grandes consumidores) que se pusieron de moda a partir del 27-F, para que comprara, en cantidades industriales, todos aquellos productos de la industria nacional que él y su familia iban a echar tanto de menos.
Cuando finalmente nos despedimos, a mí se me metió en la cabeza, fruto de la picaresca nacional, que Joaquín segurito lo que iba a extrañar era a alguna novia venezolana, morenaza ella y de ojos verdes, con nombre indígena y apellido sonoramente extranjero, producto socio-cultural del mestizaje policromático y enriquecedor que tantas bellezas de cetro y corona ha prodigado a esta deslumbrante tierra de gracia que maravilló y sedujo tanto a Joaquín como, en un principio, a Colón himself (y es curioso, pero nunca deja de sorprenderme cómo los venezolanos descubrimos nuestro terruño a través de los ojos de los demás, de ojos ajenos, ¿no?, que se convierten en propios con el tiempo).
Me imaginé entonces a Joaquín soñando en plan nostálgico con todo ese tropel de ejemplares vernáculos que pugnan por explotar y desbordarse de sus bluejeans apretadísimos en las cuñas de pantalones. Féminas siempre sonrientes y curvilíneas parecidas, sin duda, a la novia que el musiú veía clandestinamente entre semana. Pero luego rectifiqué y me dije, convencido, que no. Que la novia de Joaquín no era de carne y hueso. Que la novia de nuestro curioso y cabizbajo catalán era (o no era otra que) Venezuela.
miércoles 23 de julio de 2008
POST 13 made in VODKAZUELA: bases militares rusas y Guantánamos bolcheviques en Margarita, Falcón y Los Roques
lunes 14 de julio de 2008
Misseszuela Ven: ¿será beldad tanta belleza?
Y yo que pretendía no postear nada más hasta septiembre u octubre por aquello de las vacaciones veraniegas, pero resulta que no. Que los venezoos nos hemos vuelto a poner las botas y a batear otra vez el jonrón de la belleza. Que Osmel se muere de purita emoción, aunque no se le nota (ay, qué nota: ni se mueve ni se nota), gracias al botox, mi amor. Que la industria de la belleza está impertérritamente en marcha.O sea, pues, que volvemos a exportar misseszuelas en masa, aunque la idem no esté pa' bollos, misia. Ya que no ganamos olimpiadas, por lo menos nos resarcimos en buenura, mijita, en buenez, en nacional-cheverismo y así vamos lagrimeando ando pal cielo. Estética pelética pelimpumpética que la factoría Souza clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona clona. Es el bochinche, es el berrinche de la belleza creole que recobra su ¿corona o su cetro?
Irene Sáez, Pilín León, la Sayalero ero ero, Tetiana Capote, Maríaconchitalonso y Susana Duijm (la ex-miss que añoraba degustar caraotas con espagueti en su chinchorro mientras se ladillaba de París —Francisco Massiani dixit: "una ciudad acostumbrada a la belleza"—), todas ellas, ellas todas, pueden volver a suspirar tranquilas: una caraqueña de 22 tiernitos años las ha relevado en su tradición prosopopéyica en este neosiglo, tercer milenio cibercochambrosamente demagógico, digital e incluyente.
¿No es beldad? ¿Sera beldad tanta tonta tanta eza belleza?
sábado 5 de julio de 2008
Googlemanes por doquier, for ever and ever, everywhere, and who cares?
—¿Y de qué está disfrazado el niño?—Ah, pues, señora, ¿no lo está viendo usted cargando con su lonchera y su laptop? Mi hijo está disfrazado de Googlemán.
—Ah, claro, disculpe mi webignorancia mezclada con mi presbicia y ciberimpertinencia, pero dígame una cosa: ¿y va a meter a su carajito en algún plan vacacional y tal?
—Por supuesto que sí, mi hijo va directo de cabeza al taller hiperintensivo existencial de full total facebook. Imagínese que son doce horas diarias pegado al computador.
—¿Y esa vaina no es mala pal niño?
—Qué va, doña, usted como que está más jurásica que el bobo barbudo de Spielberg. En este taller hiperintensivo existencial de inmersión total usan un método skinneriano/pavliano de condicionamiento operante, consistente en que cada vez que el ciberchamo se equivoque en algo o dude o cabecee de sueño o de tedio o de hiperactividad o de hambre o de incontinencia esfinteriana, pues recibe un corrientazo que lo espabila, que lo desawebonea, pues...
—Ah, mire lo que son los adelantos tecnológicos de este tercer milenio que parece que va a ser el último, ¿no?
—Ay, no se me vaya a poner apocalíptica, sino integrada, como escribió el tercio aquel mentado Umberto sin hache Eco, ¿okey?, mire que el mundo ahora se divide en cibersapiens y cibersaurios y esos últimos serán los primeros en joderse darwinianamente y desaparecer a la velocidad de un click, de un "eliminar", pulsando la X de arriba y a la extrema derecha del páter, del váter, del wáterclose, naufragando en el Guaire sobre una web-balsa, ciber-patera, high tech-Noé sin (m)Arca, Bolivia con su "Sierra Nevada", Leonardo Di Caprio hundiéndose en su Titanic, mientras Bill Gates degusta y campanea su scotch on the rocks, clean sin clon, aunque very old clown of his own.
sábado 28 de junio de 2008
EN ESTA PUTA CIUDAD: parafraseando a Fito Páez en Caracas
martes 22 de abril de 2008
Abstracto bilingüe: narrativa urbana, ¿exiliada?
martes 8 de abril de 2008
EL ORÁCULO VIVE EN MIAMI
(FOTO: OUKA LEELE)
—Oiga, señora, disculpe que la moleste, pero dígame una cosa: ¿esta cola para qué es?
—Ay, miss-ia, esta cola es para poder ver, oír y consultar al oráculo, pues.
—Ah, sí es verdad, el oráculo que ahora vive en Mayámi.
—Sí que sí, paisana, el mismo que se vino para acá, overseas, y que nos ilumina con su palabra, con su verbo incendiario y encendido.
—Ay, sí, coterránea, y el mismo que alebresta a quienes se quedaron todavía allaíta, pues, por allá, acullá, descarriados en la otra orilla.
—Sí, pero el oráculo, instalado aquí, dictamina lo que ellos deben hacer y deshacer, calarse y admitir, considerar y postear por allá.
—Y es que nadie es profeta en su tierra, mijita, y entonces hay que venirse pa'cá pa' terminar de iluminarse y mayamizarse.
—Ya lo dice el refrán: "quien no se mayamiza, no llora".
—Ajá, y el que quiera llorar que coja su camionetica o su metrobús y se vaya a llorar pal' Valle, Valle Abajo, Coche, Las Adjuntas...
nadie es profeta
nadie
miércoles 2 de abril de 2008
AUXILIO, EXILIO
—Mami, ¡qué bueno que me llamaste!jueves 13 de marzo de 2008
VIACRUCIS VIAJERO EN SEMANA SANTA
Viajar en Venezuela es toda una aventura que supera cualquier previsión o expectativa posible, más allá, incluso, de la ciencia-ficción y la caricatura (ambas especialidades juntas, si se quiere). Stephen King, Spielberg, Kafka, Bradbury, Lovecraft y algún otro cultor del género que a usted se le ocurra, se quedaría virtualmente pendejo (al igual que el tan mentado pesimista anglosajón apellidado Murphy, con su infeliz ley que se ufana en que "todo aquello que pueda salir mal, así saldrá"), ante las aterradoras posibilidades que acechan al viajero (por aire, tierra o mar) en nuestro país. Tan es así que los siempre apurados y expectantes guionistas de "La dimensión desconocida" y "Aúnque usted no lo crea" tendrían, con el simple hecho de entrevistar a los impenitentes usuarios de nuestros impertinentes no-prestadores del servicio de transporte, materia prima para escribir miles de programas, con renovadas, asombrosas e ilimitadas variaciones sobre el mismo tema.Obviemos, por ahora, medios de desplazamiento y locomoción tales como teleféricos, escaleras mecánicas, ascensores panorámicos, trenes, peñeros, funiculares, monorrieles, lanchas rápidas, ferrys (que merecen, sin duda alguna, capítulo aparte), autobuses ejecutivos y otras especies, para abordar, una vez más, el avión. Sí, sí, sí, el avión, la modalidad de transporte universalmente más rápida y que, en el caso Venezuela, se convierte en la máquina del tiempo: en la máquina de hacernos perder tiempo. Tiempo irrecuperable, valiosísimo, un recurso natural no renovable que ninguna aerolínea, por más cachitos, cervezas y excusas que nos ofrezca (cuando lo hace) nos puede compensar, restituir ni devolver. Se trata, pues, de tiempo muerto, tiempo ido, tiempo "en el aire" (y uno varado en tierra), tiempo perdido. Pero vamos a ponerle alas al asunto.
Imagínese por un momento que todos los viajeros "embarcados" en Venezuela constituimos una asociación que podría llamarse VIVEM y cuyas siglas significarían Viajeros venezolanos embarcados. Soñemos un poco más, con los ojos bien abiertos y los pies bien puestos contra el suelo del aeropuerto, y digamos que logramos (por vía de la presión sostenida, obstinada e inteligente) que algún utópico organismo estatal de protección al usuario decrete una indemnización al viajero del sin-cuenta (sic) por ciento del costo del pasaje por cada hora de retraso o fracción. Aquello sería una auténtica gozada, nos volveríamos un país de viajeros frecuentísimos y multimillonarios, eso o las aerolíneas que operan entre nosotros se verían obligadas, por la ley del dinero, a funcionar como impecables y eficientísimos relojes suizos, de los que ostentan garantía de por vida.
Eso o nos salen alas y volamos por nuestros propios medios. El filón del negocio estaría, entonces, en aprender a volar rapidito, contratar a un gestor para que nos resuelva toda la permisología y montar una academia de vuelo, sin necesidad de hélices ni turbinas, transformándonos en una nueva especie ornitológica criolla: el "pájaro-bolsa". Eso o nos ganamos el premio gordo de alguna lotería, a ver si nos alcanza para comprarnos una aeronave propia, rogando, eso sí, que nuestro piloto y aeromoza no se declaren nunca en huelga. Así que nos vemos entre nubes y feliz vuelo.

viernes 7 de marzo de 2008
ESTADO CIVIL: CA(N)SADA
Ultimamente mi esposa me ha venido preocupando. Pensé que era un simple lapsus, pero no. Cada vez que ella tiene que llenar alguna planilla, en la casilla correspondiente a "estado civil", mi cónyuge escribe –textualmente– "ca(n)sada".Y lo ha hecho ya media docena de veces en las últimas semanas. Y amenaza con ponerse en huelga de brazos caídos (y libido caída, también, me temo yo). Y me recuerda incesantemente las múltiples tareas que debe ejercer dentro y fuera del hogar y hasta me las envía por correo electrónico con copia visible a todos sus contactos. Y su pandilla de amigas han optado por sumarse a la iniciativa de mi consorte y hasta han escrito una petición a la Real Academia Española de la lengua para que incluya el término "ca(n)sada" en su próxima actualización.
lunes 3 de marzo de 2008
EL SÍNDROME DEL POLIEDRO
viernes 29 de febrero de 2008
TAN BISIESTAMENTE
Ella responde al nombre de XorYeliZ. No se vayan a creer que se trata de un animal doméstico. Doméstica sí es, ya que trabaja como cachifa de alquiler limpiando una casa ajena por día, de lunes a sábado, en jornadas impuntuales de 8 ó 9 horas, dependiendo de la mugre que se encuentra en cada caso y que ella debe exterminar con cautela. Su labor le da derecho a un cafecito o dos y a un almuerzo caliente por cuenta del contratante.martes 26 de febrero de 2008
MENSAJES DE TEXTO EN EL CELULAR DE MI ESPOSA
(Foto: Marcus Ranum)Debo confesar que no acostumbro ponerme a espiar los mensajes de texto que recibe mi esposa en su celular, pero hoy sucumbí a la tentación ante tanto SMS recibido. Transcribo textualmente lo que leí:
ARROZ PAIRBOLED EN CENTRAL MADEIRENSE DE LA AVENIDA VICTORIA
LECHE EN POLVO EN LUVEBRAS DE HORIZONTE
AZÚCAR EN EL CADA DE SAN BERNARDINO
HARINA DE TRIGO EN LOS BUHONEROS DE GATO NEGRO
QUESO PAISA BLANCO REGULADO EN EL LICARCH DE LA BOYERA
¿ALGUIEN SABE DONDE HAY MAZEITE?





